"Lo que se conjetura (pero no se expresa abiertamente) es más aterrador".
Demetrio
"La trayectoria humana es ilógica [...] y la historia es una serie de sucesos no inevitable".
"Casi siempre un hombre muestra su corazón al elegir a sus amigos, en cambio sólo se ve su inteligencia cuando elige a sus enemigos".
"Es inevitable que haya quienes detestando el frac cuando eran jóvenes terminen llevándolo cuando son viejos. Lo monstruoso es encontrarlo adecuado desde los diecisiete años, para llegar a los sesenta y sostener que no se ha variado de entonces a acá, y llamar a eso coherencia, la famosa palabrita".
"A un vivo no parece decoroso darle tratamiento de clásico. Un vivo puede ser un maestro, y así se lo diremos, si fuese verdad. Clásico es título que sólo concede la muerte".
"Cuando juzgo, miro las causas. Cuando me juzgan o me siento juzgado me parece que se hacen fuertes en asuntos accesorios. Ni siquiera conozco a media docena de personas a las que pudiera decir esto mismo en una conversación o que quisieran escucharlo".
"Lo difícil no es hacerse querer por quien no le conoce a uno, sino por el que nos conoce demasiado bien".
"Resulta paradójico, pero la rosa empieza su verdadera vida cuando se la corta del rosal y se la pone en un vaso con agua. Cuando está más viva es cuando ya está muerta".
"Como las iglesias se han quedado vacías y ya no sirven para lo que servían antes, ahora los curas las alquilan para conciertos y cosas que consideran respetables. Si hace trescientos años el párroco de Santa María sorprende a un soplagaitas interpretando esos madrigales delante del santísimo, lo habría denunciado al Santo Oficio, le habrían roto la guitarra en la cabeza y con las astillas habrían prendido una bonita hoguera, sobre la que le habrían puesto a él, para asarle un poco las mantecas. Los tiempos cambian".
"La peor de las nostalgias es la de aquello que no hemos conocido".
"A la vida que uno lleva se niega uno llamarla vivir".
"A veces ser puro pasa por hacer un favor a un amigo muerto y una faena al resto del mundo".
"Contar sueños es de tan pésima educación como contar dinero en público".
"Tuvieron la desgracia de ser comunistas sin poder dejar de ser señoritos".
"El amor, el afecto, no es ciego nunca, sino que sabe cerrar los ojos a tiempo".
"La vanidad es la única sed que aumenta cuando se sacia".
"Dios, que es partidario de lo moderno y ha permitido las vanguardias, castiga sin palo ni piedra".
"De esa obra fallida, a veces directamente un bodrio escandaloso del autor que vienen adulando a diario en los periódicos, dirán a lo sumo que se trata de un divertimento, de manera que cuando oímos llamar a algo así, divertimento, nos ponemos en guardia. Y no es tanto que perdonen tal calamidad en consideración a méritos anteriores, si los hubo, como a no poder prescindir del placer de la adulación, donde se mezcla a partes iguales servilismo, indignidad y cálculo".
"De pronto se presentó ante mis ojos aquella España empobrecida moralmente, doliente de tanta guerra y tanta derrota, silenciada por sí misma tanto o más que por la dictadura, con la leve sonrisa de quien ve alejarse la tormenta, con la esperanza de que la hambruna no ha de volver, con el temor de que vuelva".
"Es más fácil recorrer el camino de las decepciones que hacer de vuelta el de las ilusiones perdidas".
"...él vuelve a llegar a una paradoja. Las dos proposiciones siguientes son ciertas: (a) Si tuviera la ocasión, Abbott no cambiaría ni uno de los elementos fundamentales de su vida, pero (b) Abbott no soporta su vida".
"A Abbott ya no lo domina (esta noche es evidente) la apatía. Lo dominan el aburrimiento, la rabia, la exasperación, las preocupaciones, la tristeza, el cansancio, el calor, el miedo, la satisfacción, pero no la apatía".
"Un hombre no sabe cuáles son sus actos postreros: la última vez que nada en el mar, la última vez que hace el amor. Sin embargo, a los treinta y siete años, quizá en el punto medio de su vida, la única que tiene, Abbott sabe que ha intentado dar su última voltereta".
"Esta noche se lo comentará a su mujer. Uno de ellos dirá que aquello es preocupante. El otro, que no hay nada de lo que preocuparse. Abbott todavía no sabe cuál de los dos será él".
"Pese a que habitualmente no es un hombre feliz (o quizá porque habitualmente no es un hombre feliz), Abbott reconoce la felicidad cuando la siente".